Capitulo 0: Introducción al final
-Me parece que el golpe fue más fuerte de lo que creí –mascullo el señor Smith demostrándose muy poco sorprendido considerando que se estaba viendo a sí mismo con el cuello partido.
Miro alrededor y se dio cuenta de que ya no estaba en Aspen. Se encontraba rodeado por un espacio blanco infinito, era como si la nieve pulcra de la cordillera se lo hubiese tragado entero.
A unos metros vio una puerta que ponía: “Contador Público Global” y sin otra opción aparente en el horizonte (o en la falta de él) entró.
Capitulo 1: El balance de la vida
Se encontró con una habitación que para él tenía un aire ochentoso, algo extraño considerando que ese lugar existía desde los orígenes del tiempo.
Un anciano que apenas se veía por sobre su escritorio lo invito a sentarse con un ademan, sin despegar la vista de su libro contable. En una tablilla de madera sobre el escritorio estaba cincelado el nombre: “Mortimer”.
-Yo… -balbuceo Smith-
-Usted es Alexander Smith y está muerto-dijo el pequeño anciano- sus padres le pusieron ese nombre por el conquistador, aunque se arrepintieron años más tarde cuando se enteraron que Alejandro Magno fue homosexual.
-Usted…-volvió a intentar Smith-
-Yo soy Mortimer, algunos me llaman Mort, a mi me gusta Mortimer.
-Mortimer…
-Así es, gracias. Tenemos trabajo por hacer, así que necesito que se calle un momento.
Smith apretó los labios con fuerza sintiéndose culpable por interrumpir, aunque hasta ahora no había podido soltar más de dos palabras completas.
El anciano se puso de pie (aunque su altura no varió gran cosa con respecto a cuando estaba sentado) carraspeó dos veces e inflo su pecho con una inspiración algo exagerada.
-Yo soy el contador espiritual, el tesorero del alma, el cajero de las acciones –miro solemnemente a Smith- Y este –señalo un tomo con su índice calcaceo- es el libro de su vida.
Sobre la mesa había un libro bastante grueso, tenía tapa de cuero y en la portada decía: Alexander Smith, La historia de un magnate americano.
Mortimer se sentó, abrió el libro y acerco una calculadora financiera.
-Empecemos desde los trece años que es cuando, dentro de sus límites, una persona sabe diferenciar el bien del mal.
Mortimer recorrió los renglones del libro con la nariz casi pegada a la hoja. Se detuvo al final de la primera hoja.
-¡Aja! aquí. Veintitrés del cinco de mil novecientos sesenta y seis, seis y treinta y tres P.M: su tío le regalo el libro “Estudio en Escarlata” y una pequeña lupa de cristal. Usted tiro el libro y utilizo la lupa para incinerar hormigas durante todo el día.
El anciano se acaricio el mentón pensativo y acerco la calculadora.
-Eso sería como un punto negativo por cada hormiga asesinada –dijo mientras calculaba-
El señor Smith puso cara de horror y trago saliva con tanto nerviosismo que el ruidito de su tráquea llamo la atención del viejo contador.
-No se preocupe Smith, un punto negativo es –dudo un momento- es como un diente de choclo. Y la vida entera es grande como una plantación. Mortimer miro hacia el techo pensativo y después de unos segundos sonrió, su analogía le pareció tan acertada que decidió explicarle a su cliente como iba la cosa.
-Vera, aquí tengo un registro de todas las acciones de su vida. Mi trabajo es clasificarlas, asignarles un valor y calcular el total. Dependiendo si usted hizo las cosas bien o mal, o como yo lo llamo: debe y haber, el balance de su vida dará un saldo positivo o negativo, ¿comprende?
Smith había cosechado su fortuna haciendo malabares con estos términos, así que no le pareció para nada extraño ni desconocido.
-Además, entre nosotros –Mortimer se acerco a Smith- para mí las hormigas son una mierda.
La entrevista duro bastante tiempo, aunque a Smith no le pareció tanto. Eso es porque el tiempo se torna irrelevante para alguien que ya no está atado a él.
-Muy bien -dijo finalmente Mortimer cerrando el libro- Su saldo es de quinientos cincuenta y cuatro mil seiscientos dos, aquí tiene el cheque, por favor prosiga por la siguiente puerta.
Smith tomo el cheque, lo doblo en tres partes y se lo metió en el bolsillo interno del traje, como siempre hizo en vida, saludo al contador y se fue.
Capitulo 2: El cielo se puede comprar
El segundo lugar era definitivamente más atractivo. Tenía un diseño muy art-deco, aunque Smith se empezaba a decepcionar con el hecho de que el más allá se pareciese tanto al “más acá”. El lugar estaba pintado de blanco y rojo. “Cielo e infierno” pensó Smith (si hubiese sido Argentino lo primero que se le hubiese pasado por la cabeza seguro seria: me toco un gallina)
Otra vez se encontró frente a un individuo de edad avanzada, pero a diferencia del contador, este viejito tenia pintado éxito en la frente (lo que según la experiencia de Smith quería decir que también tenía pintado “te la voy a meter” en sus genitales) El viejito avanzo enérgico y capturo la mano derecha de Smith con mucha fuerza.
-¡Smithy! pase, bienvenido, bienvenido, lo estaba esperando. Mi nombre el Bones, James Bones. Hizo una pequeña pausa como buscando una reacción, luego falseo una risotada. Smith ni se inmuto
-No, no, es una broma. Me llamo Acacio Bones. Lo estaba esperando, vio como es ese pesado de Mortimer ¿no? que el tiempo no importe no es excusa para andar desperdiciándolo, ¿no cree?, si claro que sí. Bueno, como va eso de la muerte, parece que lo está llevando muy bien. Qué lindo traje, ¿Armani?, si claro que es Armani. Nosotros no tenemos permitidos llevar trajes tan caros, usted sabe, somos empleados públicos. Tenemos que tener una apariencia que se lleve bien con todos los extractos sociales. Pero usted es una persona, si me lo permite, superior a los demás. Si, no ponga esa cara, se que una persona no se mide por la cantidad de dinero que posee, pero yo lo veo de este modo: cuando alguien llega a tener el dinero suficiente para no rendirle cuentas a nadie, esa persona, usted, sube un escalón en la pirámide evolutiva. ¿No cree?, si claro que lo cree, tal vez no lo diga en voz alta, pero en el fondo, muy en el fondo usted me da la razón. Usted y yo no somos tan distintos sabe, tenemos ese instinto asesino que nos convierte en exitosos, creo que el secreto está en saber escuchar. Si, saber escuchar es la clave, el que escucha se entera de cosas que los otros ignoran y la información es el motor del éxito. Es obvio que usted lo sabe, que tonto soy, hablando de éxito a una persona que construyo un imperio de la nada. Y no me diga que no empezó de la nada porque el negocio que le dejo su padre estaba casi en banca rota y usted supo cómo cuidarlo, desarrollarlo y potenciarlo hasta convertirlo en lo que es hoy: un negocio que trasciende a su creador, que supero ya dos generaciones y lo único que hace es crecer.
-Muchas gracias –dijo Smith levantando la voz hasta el límite de lo respetuoso- ¿Me devuelve mi mano?
La voz de Bones todavía retumbaba en su cabeza, Smith había sostenido una conversación con Bones durante quince minutos pero no había pronunciado ni una sola palabra.
-Bueno, sí. Supongo que quiere ir al grano, ¿no? Al asunto en cuestión, no andarse por las ramas, dejar de dar vueltas, posicionarse, enfocarse…
- Si –lo cortó Smith tajante-
-Está bien, ¿Me permite el cheque?
Smith pensó un poco antes de ceder, en el mundo corpóreo jamás le hubiese dado un cheque a alguien que contesta sus propias preguntas en una conversación.
-Una suma un poco pobre para alguien que está acostumbrado a tratar siete cifras. Pero no se asuste, por este precio le puedo ofrecer unos lugares espectaculares. Se va a morir cuando los vea –otra vez rio exageradamente- En realidad en este momento solo tengo dos opciones disponibles por ese presupuesto.
Bones tomo un pulsador y lo apretó, en la pared se proyecto una casa tipo country.
-Esta casa está ubicada en el country San Expedito, tiene dos baños, ocho habitaciones, una cocina moderna y un living con televisor de plasma de cincuenta pulgadas. Sin esperar una respuesta de Smith, Bones cambio la diapositiva.
-Este hermoso departamento está ubicado en el centro de Lazaro City, piso 48. Algunos dicen que es muy alto, yo digo que está más cerca del cielo.
-Si me permite opinar –dijo Smith maliciosamente- creo que ya estoy bastante harto de la ciudad, creo que me quedo con la opción numero uno.
-Felicitaciones sr. Smith –dijo entusiasta mientras le otorgaba un bono que era algo así como unos papeles de propiedad- se ha hecho acreedor de una hermosa propiedad en el country San Expedito, una comunidad amigable llena de actividades para que usted pase una muerte de lo más activa…
-¿Esa es la puerta por donde me voy? –Interrumpió Smith-
-Así es. Ese picaporte lo separa del resto de su vida, o debería decir el resto de su muert… -el discurso de Bones fue interrumpido por el ruido de un portazo-
Capitulo 3: Al final, todo se reduce a arriba o abajo.
Smith se encontró en un hall decorado como el de un hotel barato. Otra vez, ese gustito a terrenal le sacaba lo místico al asunto ese de morirse.
Enfrente tenía una puerta de ascensor, utilizo el pulsador. Un segundo más tarde la puerta se abrió.
El ascensorista no podía ser un estereotipo mas estereotipado. Era un cliché viviente (claro que viviente es solo una expresión en este lugar). Chaqueta roja con detalles de cordones dorados que pretendían imitar oro, pero parecían más guirnaldas de un arbolito de navidad. Pantalones beige claro, que le daban una puñalada a la moda, o más bien veinticinco puñaladas. Finalmente el conjunto se completaba, digamos, como la guinda del postre, con un sombrerito rojo de esos que tienen un felpudito que cae por un costado. Este tercer individuo también era bastante viejo.
-Bueno días caballero –dijo el ascensorista con esa tonada vacía que adquieren los que pronuncian tantas veces las mismas palabras que finalmente pierden su significado-
-Buenos días –contesto Smith dudando si era de día, o si en ese lugar existía el día.
-Mi nombre es Cirilo De Función y lo voy a llevar a su nuevo hogar. ¿Me permite el bono otorgado por el señor Acacio Bones?
-¿Puedo hacerle una pregunta? –dijo Smith mientras le alcanzaba el papel-
-Sí, claro señor.
- No se ofenda, pero, ¿Por qué todos los empleados son viejos?
-Bueno –reflexiono por un momento- déjeme ponerlo de esta forma: ¿a usted se le ocurre algo que sea más viejo que la muerte?
-No, creo que no –contesto Smith y se acomodo en un rincón del ascensor pensando en cómo sería su nuevo fututo*-.
* Si, ya se. En el más allá no existe el tiempo, por lo tanto el futuro es un concepto que no tiene cabida, pero me gusto terminarlo así.
-Me parece que el golpe fue más fuerte de lo que creí –mascullo el señor Smith demostrándose muy poco sorprendido considerando que se estaba viendo a sí mismo con el cuello partido.
Miro alrededor y se dio cuenta de que ya no estaba en Aspen. Se encontraba rodeado por un espacio blanco infinito, era como si la nieve pulcra de la cordillera se lo hubiese tragado entero.
A unos metros vio una puerta que ponía: “Contador Público Global” y sin otra opción aparente en el horizonte (o en la falta de él) entró.
Capitulo 1: El balance de la vida
Se encontró con una habitación que para él tenía un aire ochentoso, algo extraño considerando que ese lugar existía desde los orígenes del tiempo.
Un anciano que apenas se veía por sobre su escritorio lo invito a sentarse con un ademan, sin despegar la vista de su libro contable. En una tablilla de madera sobre el escritorio estaba cincelado el nombre: “Mortimer”.
-Yo… -balbuceo Smith-
-Usted es Alexander Smith y está muerto-dijo el pequeño anciano- sus padres le pusieron ese nombre por el conquistador, aunque se arrepintieron años más tarde cuando se enteraron que Alejandro Magno fue homosexual.
-Usted…-volvió a intentar Smith-
-Yo soy Mortimer, algunos me llaman Mort, a mi me gusta Mortimer.
-Mortimer…
-Así es, gracias. Tenemos trabajo por hacer, así que necesito que se calle un momento.
Smith apretó los labios con fuerza sintiéndose culpable por interrumpir, aunque hasta ahora no había podido soltar más de dos palabras completas.
El anciano se puso de pie (aunque su altura no varió gran cosa con respecto a cuando estaba sentado) carraspeó dos veces e inflo su pecho con una inspiración algo exagerada.
-Yo soy el contador espiritual, el tesorero del alma, el cajero de las acciones –miro solemnemente a Smith- Y este –señalo un tomo con su índice calcaceo- es el libro de su vida.
Sobre la mesa había un libro bastante grueso, tenía tapa de cuero y en la portada decía: Alexander Smith, La historia de un magnate americano.
Mortimer se sentó, abrió el libro y acerco una calculadora financiera.
-Empecemos desde los trece años que es cuando, dentro de sus límites, una persona sabe diferenciar el bien del mal.
Mortimer recorrió los renglones del libro con la nariz casi pegada a la hoja. Se detuvo al final de la primera hoja.
-¡Aja! aquí. Veintitrés del cinco de mil novecientos sesenta y seis, seis y treinta y tres P.M: su tío le regalo el libro “Estudio en Escarlata” y una pequeña lupa de cristal. Usted tiro el libro y utilizo la lupa para incinerar hormigas durante todo el día.
El anciano se acaricio el mentón pensativo y acerco la calculadora.
-Eso sería como un punto negativo por cada hormiga asesinada –dijo mientras calculaba-
El señor Smith puso cara de horror y trago saliva con tanto nerviosismo que el ruidito de su tráquea llamo la atención del viejo contador.
-No se preocupe Smith, un punto negativo es –dudo un momento- es como un diente de choclo. Y la vida entera es grande como una plantación. Mortimer miro hacia el techo pensativo y después de unos segundos sonrió, su analogía le pareció tan acertada que decidió explicarle a su cliente como iba la cosa.
-Vera, aquí tengo un registro de todas las acciones de su vida. Mi trabajo es clasificarlas, asignarles un valor y calcular el total. Dependiendo si usted hizo las cosas bien o mal, o como yo lo llamo: debe y haber, el balance de su vida dará un saldo positivo o negativo, ¿comprende?
Smith había cosechado su fortuna haciendo malabares con estos términos, así que no le pareció para nada extraño ni desconocido.
-Además, entre nosotros –Mortimer se acerco a Smith- para mí las hormigas son una mierda.
La entrevista duro bastante tiempo, aunque a Smith no le pareció tanto. Eso es porque el tiempo se torna irrelevante para alguien que ya no está atado a él.
-Muy bien -dijo finalmente Mortimer cerrando el libro- Su saldo es de quinientos cincuenta y cuatro mil seiscientos dos, aquí tiene el cheque, por favor prosiga por la siguiente puerta.
Smith tomo el cheque, lo doblo en tres partes y se lo metió en el bolsillo interno del traje, como siempre hizo en vida, saludo al contador y se fue.
Capitulo 2: El cielo se puede comprar
El segundo lugar era definitivamente más atractivo. Tenía un diseño muy art-deco, aunque Smith se empezaba a decepcionar con el hecho de que el más allá se pareciese tanto al “más acá”. El lugar estaba pintado de blanco y rojo. “Cielo e infierno” pensó Smith (si hubiese sido Argentino lo primero que se le hubiese pasado por la cabeza seguro seria: me toco un gallina)
Otra vez se encontró frente a un individuo de edad avanzada, pero a diferencia del contador, este viejito tenia pintado éxito en la frente (lo que según la experiencia de Smith quería decir que también tenía pintado “te la voy a meter” en sus genitales) El viejito avanzo enérgico y capturo la mano derecha de Smith con mucha fuerza.
-¡Smithy! pase, bienvenido, bienvenido, lo estaba esperando. Mi nombre el Bones, James Bones. Hizo una pequeña pausa como buscando una reacción, luego falseo una risotada. Smith ni se inmuto
-No, no, es una broma. Me llamo Acacio Bones. Lo estaba esperando, vio como es ese pesado de Mortimer ¿no? que el tiempo no importe no es excusa para andar desperdiciándolo, ¿no cree?, si claro que sí. Bueno, como va eso de la muerte, parece que lo está llevando muy bien. Qué lindo traje, ¿Armani?, si claro que es Armani. Nosotros no tenemos permitidos llevar trajes tan caros, usted sabe, somos empleados públicos. Tenemos que tener una apariencia que se lleve bien con todos los extractos sociales. Pero usted es una persona, si me lo permite, superior a los demás. Si, no ponga esa cara, se que una persona no se mide por la cantidad de dinero que posee, pero yo lo veo de este modo: cuando alguien llega a tener el dinero suficiente para no rendirle cuentas a nadie, esa persona, usted, sube un escalón en la pirámide evolutiva. ¿No cree?, si claro que lo cree, tal vez no lo diga en voz alta, pero en el fondo, muy en el fondo usted me da la razón. Usted y yo no somos tan distintos sabe, tenemos ese instinto asesino que nos convierte en exitosos, creo que el secreto está en saber escuchar. Si, saber escuchar es la clave, el que escucha se entera de cosas que los otros ignoran y la información es el motor del éxito. Es obvio que usted lo sabe, que tonto soy, hablando de éxito a una persona que construyo un imperio de la nada. Y no me diga que no empezó de la nada porque el negocio que le dejo su padre estaba casi en banca rota y usted supo cómo cuidarlo, desarrollarlo y potenciarlo hasta convertirlo en lo que es hoy: un negocio que trasciende a su creador, que supero ya dos generaciones y lo único que hace es crecer.
-Muchas gracias –dijo Smith levantando la voz hasta el límite de lo respetuoso- ¿Me devuelve mi mano?
La voz de Bones todavía retumbaba en su cabeza, Smith había sostenido una conversación con Bones durante quince minutos pero no había pronunciado ni una sola palabra.
-Bueno, sí. Supongo que quiere ir al grano, ¿no? Al asunto en cuestión, no andarse por las ramas, dejar de dar vueltas, posicionarse, enfocarse…
- Si –lo cortó Smith tajante-
-Está bien, ¿Me permite el cheque?
Smith pensó un poco antes de ceder, en el mundo corpóreo jamás le hubiese dado un cheque a alguien que contesta sus propias preguntas en una conversación.
-Una suma un poco pobre para alguien que está acostumbrado a tratar siete cifras. Pero no se asuste, por este precio le puedo ofrecer unos lugares espectaculares. Se va a morir cuando los vea –otra vez rio exageradamente- En realidad en este momento solo tengo dos opciones disponibles por ese presupuesto.
Bones tomo un pulsador y lo apretó, en la pared se proyecto una casa tipo country.
-Esta casa está ubicada en el country San Expedito, tiene dos baños, ocho habitaciones, una cocina moderna y un living con televisor de plasma de cincuenta pulgadas. Sin esperar una respuesta de Smith, Bones cambio la diapositiva.
-Este hermoso departamento está ubicado en el centro de Lazaro City, piso 48. Algunos dicen que es muy alto, yo digo que está más cerca del cielo.
-Si me permite opinar –dijo Smith maliciosamente- creo que ya estoy bastante harto de la ciudad, creo que me quedo con la opción numero uno.
-Felicitaciones sr. Smith –dijo entusiasta mientras le otorgaba un bono que era algo así como unos papeles de propiedad- se ha hecho acreedor de una hermosa propiedad en el country San Expedito, una comunidad amigable llena de actividades para que usted pase una muerte de lo más activa…
-¿Esa es la puerta por donde me voy? –Interrumpió Smith-
-Así es. Ese picaporte lo separa del resto de su vida, o debería decir el resto de su muert… -el discurso de Bones fue interrumpido por el ruido de un portazo-
Capitulo 3: Al final, todo se reduce a arriba o abajo.
Smith se encontró en un hall decorado como el de un hotel barato. Otra vez, ese gustito a terrenal le sacaba lo místico al asunto ese de morirse.
Enfrente tenía una puerta de ascensor, utilizo el pulsador. Un segundo más tarde la puerta se abrió.
El ascensorista no podía ser un estereotipo mas estereotipado. Era un cliché viviente (claro que viviente es solo una expresión en este lugar). Chaqueta roja con detalles de cordones dorados que pretendían imitar oro, pero parecían más guirnaldas de un arbolito de navidad. Pantalones beige claro, que le daban una puñalada a la moda, o más bien veinticinco puñaladas. Finalmente el conjunto se completaba, digamos, como la guinda del postre, con un sombrerito rojo de esos que tienen un felpudito que cae por un costado. Este tercer individuo también era bastante viejo.
-Bueno días caballero –dijo el ascensorista con esa tonada vacía que adquieren los que pronuncian tantas veces las mismas palabras que finalmente pierden su significado-
-Buenos días –contesto Smith dudando si era de día, o si en ese lugar existía el día.
-Mi nombre es Cirilo De Función y lo voy a llevar a su nuevo hogar. ¿Me permite el bono otorgado por el señor Acacio Bones?
-¿Puedo hacerle una pregunta? –dijo Smith mientras le alcanzaba el papel-
-Sí, claro señor.
- No se ofenda, pero, ¿Por qué todos los empleados son viejos?
-Bueno –reflexiono por un momento- déjeme ponerlo de esta forma: ¿a usted se le ocurre algo que sea más viejo que la muerte?
-No, creo que no –contesto Smith y se acomodo en un rincón del ascensor pensando en cómo sería su nuevo fututo*-.
* Si, ya se. En el más allá no existe el tiempo, por lo tanto el futuro es un concepto que no tiene cabida, pero me gusto terminarlo así.