lunes, 7 de enero de 2008

Y un día no muy especial… empecé a escribir.

Antes de empezar mí propio blog tenía una pregunta importante que resolver: ¿Por qué empezar mi propio blog?

A raíz de esto surgió el primer texto de la página, titulado: ¿Por qué empezar mi propio blog?

¿Por qué empezar mi propio blog?

Para no perder la costumbre de escribir (o para adquirirla)

Para figurar en Google

Para tener una excusa extra que justifique el gasto de internet

Para hacer algo creativo (ni que fuera a trabajar de eso…)

Para aprovechar su beneficio terapéutico (sin gastar los $$$ que exige el Método Freudiano)

Para usar todas las teclas del teclado (es decir; además de A, S, D, W; barra para saltar y R para recargar)

Para formar parte de una comunidad nueva (y que francamente, me importa un comino… ¿Scarlett?)

Para relatar las peripecias del hombre común

Para hacerme el intelectual utilizando palabras como peripecias

Para hacerme el humilde refiriéndome a mí como “hombre común”

Para reducir el % de contenido porno en internet (¡aunque no prometo nada!)

Para poner en tela de juicio la efectividad del corrector ortográfico del Word (todos los errores emitidos en este blog son absoluta responsabilidad de Microsoft y Bill)

Para pasar el tiempo mientras se descarga un capitulo de Monk (o House, o lo que sea)

Para decir, ¡no podes no tener blog!, ¡en qué año vivís chabón!

Para usar las teclas que no se usan nunca como: ¡(el signo de admiración al principio de una frase), ¿ (ídem anterior pero el de pregunta, ¡no somos yanquis!), , (si, la coma), () (ejem… los paréntesis), * (bueno, el asterisco no creo que lo use).

Y finalmente… no… creo que eso es todo.


Ahora les voy a contar el tema del blog en cuestión: la vida. Si, obvio, esto no es un desparramo azaroso de caracteres, ¡acá hay tema! Acá hay, como se dice en publicidad, un “Concepto”.

La vida. No las cosas importantes como plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Yo no tengo parque, no sé escribir y tengo serias sospechas de que soy estéril. En fin, me refiero a las cosas de todos los días, cosas cotidianas a las que no les damos importancia, pero que cumplimos como un ritual.

Cosas como las técnicas para comer un Bon O Bon, los peligros que enfrenta el que moja una vainilla durante mucho tiempo en su vaso de leche, los problemas del que viaja en colectivo, las clases sociales durante la adolescencia (avance: yo era del sector más bajo), etc, etc,etc… …etc. También voy a tratar de variar el formato de cada texto. Lo descriptivo esta gastado y existen muchos formas para explotar… digo… explorar. No sé, puede haber cuentos, diarios, cartas y hasta poesía. Opa, te sorprendí ahí ¡eh!.

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